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Descubrir la vida

“Cuando quieren, los niños son superiores a los adultos. Porque tienen otra forma de pensar. Imaginan que las cosas son más bonitas, más puras… Pero los mayores tienen malicia… como tú.”

 

Después de escuchar a este chico, trata de responder a algunas de las preguntas que él contesta:

-¿Por qué los niñ@s no pueden besarse y tocarse lo que quieran?

-¿Por qué los padres no lo entienden?

-¿Qué es una buena vida para tí?

Piensa.

Mi hermanito de la Luna

"El mundo de la luna…explorarlo con atención.
 
Para entender a nuestro pequeño hombre, hay que sentarse, mirar y no hacer caso a sus gestos retraídos sino intentar llevarle a probar un poco de nuestro mundo.
 
Tenemos que ser pacientes para conseguir atrapar la luna con un hilo de oro y atraerla hasta nuestro viejo planeta.
 
¿Hasta qué punto este hermanito vendrá a nuestro encuentro?
 
¿Hasta qué punto podremos ir a su encuentro?"
 
Una entrañable historia contada por una niña pequeña sobre su hermanito autista.
 

Otra manera de tratar a nuestros hijos

"Aunque parezca sorprendente, durante los primeros años de nuestros pequeños, es cierto que la mentira incluso puede ser beneficiosa para su maduración y conocimiento propio. Un verdadero experimento, ya que a través de ellas los pequeños se dan cuenta que tienen una mente y pensamientos propios que pueden o no desvelar a los demás.

Una vez pasados esos primeros años de las “pequeñas mentiras de reconocimiento”, seguro que podremos ir explicando a nuestros hijos que las mentiras no son algo positivo en la vida de las personas, y que es mucho mejor ir con la verdad y la valentía por delante.

Pero ¿quién no se ha encontrado alguna vez con una pequeña mentira de su hijo? es por eso que queremos hablar hoy sobre: como actuar en el caso que nuestros hijos mientan."

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¡Gracias Juanjo!

La película de la semana: click, perdiendo el control

" – Espero que pienses en las consecuencias de lo que estás apunto de hacer

  – ¿Crees que no debería hacerlo?

  – Es tu vida. Para eso el mando, el control, es tú decisión.

  – Lo sé, estamos hablando de un par de meses. Será aburrido, ¿Qué me perderé? ¿Hacer trabajo y cortarme el pelo?

  – No se trata de eso. Hablo en serio.

  – ¿Olvidaste tomar tus pastillas?

  – Algunas cosas por más mínimas en la vida ordinaria, son maravillosas. Un hombre puede disfrutar una comida como la última. Son sólo Corn Flakes"

Un 'click' en un mando muy poderoso y todos los momentos que no quieres vivir los evitas.

Una solución fácil y cómoda para pasar de ellos. Quizá nosotros, fuera del mundo de ficción y sin ese poder tan accesible como en la película utilizamos otros métodos; estar ausente en nuestros pensamientos en vez de escuchar, priorizar el tiempo de trabajo al tiempo de nuestra familia y amigos, o simplemente menospreciar lo que vivimos cada día, cada momento.

Hay muchas más técnicas. Me atrevería decir que la mayoría de cada uno de nosotros hemos desarrollado nuestros propios trucos para evadirnos de las cosas que no nos gustan. Suena bien, y diría que es hasta práctico. Si no fuese por un pequeño, sutil y casi inapreciable detalle; que se acaban convirtiendo en hábitos.

Los hábitos son acciones caracterizadas porque las realizamos prácticamente de una manera inconsciente. ¿Acaso eres consciente de cómo conduces cada vez que lo haces? Simplemente, lo haces de manera inconsciente y hasta eres capaz de conducir mientras hablas por móvil y ves el paisaje.

Si aplicamos esas técnicas para evitar los momentos que de primeras consideramos desagradables, no sólo empezaremos a perdernos todos los detalles y oportunidades escondidas que existen en esos instantes, si no que además, los viviremos de una manera inconsciente. Perdiendo el control. Recordemos qué sólo lo que está en el consciente es susceptible de ser cambiado y controlado, lo que permanece en el inconsciente nos controla a nosotros.

Y hay más, si tienes hijos; los niños ven, los niños hacen.

Aunque la publiciten como comedia esta película resulta por momentos muy triste. Y son imprescindibles. A pesar de ello nos transmite un mensaje útil ahora que estamos a tiempo. YAunque deja muy buen sabor de boca y con la sensación más que agradable de que hoy, es el primer día del resto de nuestras vidas.

Este momento, y sólo ahora, vívelo conscientemente.

Si te gusta, hazlo durante lo que queda de día

Si te sigue asombrando, repítelo mañana

Si lo volviste a disfrutar, repítelo pasado, y al otro… y al otro…

 

Crearás un hábito consciente.

 

 

Es más recomendable que busquéis la película por otro medio ya que aquí la comparto con una calidad regular, pero por si como yo, no la encontráis;

Y es que…

"…Para algunos vivir es galopar

un camino empedrado de horas, minutos y segundos.

Yo, más humilde soy

y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo,

me transporte mecido hasta el siguiente…" 

Diez cosas que los niños quieren de sus padres

Hoy en día muchos padres se sienten frustrados y lejos de sus hijos, como si no fuesen buenos padres, siempre gritando, amenazando, o dándoles lecciones sin que parezcan recibir las órdenes y dando lugar a demasiados castigos (normalmente confusos o engañosos), sintiéndose sobrepasados.

Pero, ¿qué será lo que más valoran los niños…

Las lecciones y las prácticas para que lleguen a ser hombres y mujeres de provecho, o las sonrisas y los abrazos al recibirlos cada día después de clase?;

Sí, en efecto, si has pensado que es esto último has acertado. Es lo que realmente ellos valoran más.

Repasemos la lista realizada entre una muestra de niños (7-10 años) donde se destacan las 10 cosas que más les gusta o valoran de sus madres/padres:

1. Que entren en mi cuarto cuando me he acostado, me arropen y me canten alguna canción o me cuenten sus historias de cuando eran pequeños.

2. Cuando me abrazan, me dan besos y se sientan a hablar en privado conmigo.

3. Cuando pasan tiempo conmigo solo, no con mis hermanos u otras personas alrededor.

4. Cuando me hacen comida rica y decorada.

5. Cuando hablamos durante la cena de lo que podríamos hacer durante el fin de semana.

6. Cuando me dejan jugar fuera mucho rato

7. Cuando vemos alguna película juntos, tapad@s con una manta.

8. Cuando me equivoco, se enfadan conmigo y me dicen de nuevo como se hacen las cosas bien. Porque siento que se preocupan por mi.

9. Cuando me dejan mensajes dentro del almuerzo para el cole, o en la pizarra de mi habitación.

10. Cuando me dejan invitar a alguno de mis amigos a jugar a casa o viene gente a celebrar algo con nosotros y hacemos una tarta.

Los niños son increíblemente inteligentes y tienden a ver el mundo de forma más simple que nosotros. Quizá ha llegado la hora de que empecemos a fijarnos más en ellos, y seguir alguno de sus consejos.

Visto en contagiatedesalud.com

¿Qué les enseñamos a los niños?

Su nombre era señorita Thompson. Allí, plantada frente a su clase de quinto grado en el primer día de escuela, les dijo a los niños una mentira. Como la mayoría de los maestros, los miró a los ojos y les dijo que los quería a todos por igual. Sin embargo, aquello no era posible porque allí, encogido en su asiento de la primera fila, estaba un niño llamado Teddy Stoddard. La señorita Thompson había estado observadando a Teddy el curso anterior, y se había dado cuenta de  que no jugaba bien con sus compañeros, de que su ropa estaba hecha un lío, y de que siempre parecía necesitar un buen baño. Por si todo eso fuera poco,  Teddy también sabía cómo mostrarse desagradable. Llegó el momento en que la señorita Thompson disfrutaba realmente poniéndole malas notas a Teddy y llenando sus deberes de grandes equis rojas, con una gran "M" del mismo color en la parte superior de la página.

En la escuela donde la señorita Thompson trabajaba era obligatorio revisar el los informes anteriores de cada alumno, aunque ella relegó el de Teddy para el último momento. Sin embargo, al revisar el expediente del niño se topó con algo totalmente inesperado. La maestra de primero escribió: "Teddy es un niño brillante, de risa fácil. Hace su trabajo pulcramente, tiene muy buenos modales… es una delicia tenerle en clase". La maestra de segundo, por su parte, había reseñado lo siguiente: "Teddy es un alumno excelente y muy apreciado por sus compañeros, pero tiene problemas porque su madre está aquejada de una enfermedad terminal y la vida en su casa no debe ser muy fácil". Las observaciones del maestro de tercero decían de Teddy: "La muerte de su madre ha sido un duro golpe para él. Hace lo que puede, pero su padre no parece mostrar demasiado interés por él y, si no se toman pronto cartas en el asunto, la vida en su casa acabará afectándole". La maestra de cuarto había escrito: "Teddy está encerrado en sí mismo y no demuestra demasiado interés por la escuela. No tiene demasiados amigos, y a veces se duerme en clase".

Avergonzada de sí misma, la señorita Thompson se dio cuenta de la naturaleza del problema. Pero aún se sintió peor cuando, por Navidad, todos sus alumnos le llevaron regalos envueltos en hermosos papeles y llamativos lazos de colores. Bueno, todos menos Teddy, que le trajo algo toscamente envuelto en una bolsa que había conseguido en la tienda de comestibles. La maestra hizo cuanto pudo por abrirlo como todos los demás presentes. Algunos niños comenzaron a reírse cuando del tosco paquete sacó un brazalete de piedras falsas – al que por añadidura le faltaban algunas – y una botella de perfume medio vacía. Pero las risas se apagaron enseguida, cuando la señorita Thompson exclamó cuán bonito era el brazalete, al mismo tiempo que se echaba unas gotas de perfume en la muñeca. Teddy Stoddard se las arregló para quedarse el último en clase aquel día, tan sólo el tiempo suficiente para decirle a su maestra: “Señorita Thompson, hoy huele usted como solía oler mi mamá”.

Después de que Teddy se hubiera marchado, la señorita Thompson se quedó sola en clase al menos una hora, llorando. Nunca más volvería a enseñar lectura, escritura o aritmética. A partir de ahora enseñaría a los niños. Comenzó a prestar atención especial a Teddy. A medida que iba trabajando con él, la mente del chaval parecía ir volviendo a la vida. Cuando más le estimulaba ella, más rápido respondía él. Hacia el final del curso, Teddy estaba ya entre los primeros de la clase y a pesar de aquella mentira de que los amaría a todos por igual, Teddy se convirtió en uno de los alumnos “preferidos” de la señorita Thompson. Un año después se encontró una nota que Teddy le coló por debajo de la puerta, en la que le decía que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Pasaron seis años sin noticias de Teddy, hasta que éste le escribió para anunciarle que había terminado la enseñanza superior y que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cuatro años más tarde recibió otra carta de Teddy, en la que le contaba que, aunque las cosas hubiesen sido difíciles en ocasiones, había seguido estudiando y pronto iba a graduarse en la universidad con los máximos honores. De paso, Teddy le aseguraba una vez más, que seguía siendo la mejor maestra que jamás hubiese tenido. Pasaron cuatro años más hasta la siguiente carta, esta vez explicándole que, tras diplomarse, había decidido seguir estudiando un poco más. En aquella carta había una pequeña diferencia, la firma era un poco más larga. Decía “Doctor Theodore F. Stoddard”.

Pero la historia no termina aquí. Aquella misma primavera llego una carta más, esta vez para informar a la señorita Thompson de que Teddy había encontrado su media naranja e iba a casarse. También le decía que su padre había muerto un par de años atrás y se preguntaba si a la señorita Thompson no le importaría ocupar en la boda el lugar de la madre del novio.

 Por supuesto que la señorita Thompson aceptó encantada y ¿sabéis qué?, en la boda lució aquel brazalete, el de las piedras falsas con algunas de menos. Además, se aseguró de llevar el mismo perfume que la madre de Teddy llevaba la última Navidad que paso con él.

 Se abrazaron y el doctor Stoddard le susurró al oído: – Gracias, señorita Thompson, por haber creído en mí. Gracias por haberme hecho sentir importante y haberme demostrado que yo podía cambiar.

 Con lágrimas en los ojos, en otro susurro, la señorita Thompson le respondió: – Te equivocas, Teddy, es al revés. Fuiste tú quién me enseño a mí que yo podía cambiar. Hasta que te conocí a ti, yo no sabía lo que era enseñar.

Relato del libro “Coaching – Herramientas para el cambio” de Robert Dilts