Nadie me entiende! ¿Y tú, entiendes?

Cuantas veces hemos sentido que no nos comprenden o que somos incapaces de expresar una emoción, un sentimiento… O cuantas otras nos han (o hemos) acusado de no ponernos en el lugar del otro, pero nosotros juraríamos que si lo estabamos haciendo. ¿Verdaderamente lo hacemos? ¿seguro? Te invito a leer este fragmento del libro "La isla" de Aldoux Huxley.

-Los símbolos son públicos –decía el joven que se encontraba ante el encerado cuando Will y Mrs. Narayan entraron en el aula. Trazó una hilera de circulitos y los números 1, 2, 3, 4, 5–. Estas son personas –explicó. Lue­go, de cada uno de los circulitos llevó una raya hasta un cuadrado que había a la izquierda del encerado. En el cen­tro del cuadrado escribió S–. S es el sistema de símbolos que la gente usa cuando quiere hablar entre sí. Todos hablan el mismo idioma: inglés, palanés, esquimal, según donde vivan. Las palabras son públicas; pertenecen a todos los que hablan un idioma dado: figuran en los diccionarios. Y ahora miremos las cosas que suceden ahí. –Señaló la ven­tana abierta. Media docena de loros de vivos colores, dibu­jados contra una nube blanca, apareció ante la vista, pasó por detrás de un árbol y desapareció. El maestro dibujó un segundo cuadrado en el extremo opuesto de la pizarra y lo designó con A de “acontecimientos”, uniéndolo a los círculos por medio de líneas.– Lo que sucede ahí afuera es público… o por lo menos bastante público –especifi­có–. Y lo que sucede cuando uno pronuncia o escribe palabras también es público. Pero las cosas que suceden den­tro de estos circulitos son privadas. Privadas. –Se llevó una mano al pecho.– Privado. –Se frotó la frente.– Pri­vado. –Se tocó los párpados y la punta de la nariz con un índice moreno.– Y ahora hagamos un experimento senci­llo. Digan la palabra “pellizco”.

–Pellizco –rugió la clase al unísono–. Pellizco…

–P-E-LL-I-Z-C-O… pellizco. Eso es público, es algo que pueden buscar en el diccionario. Pero ahora pellízquense. ¡Con fuerza! ¡Más fuerte!

Con un acompañamiento de risitas contenidas, de ayes y oh, los niños hicieron lo que se les pedía.

–¿Alguien puede sentir lo que siente la persona sen­tada a su lado?

Hubo un coro de No.

–De modo que según parece –dijo el joven–, hay… veamos, ¿cuántos somos? –Pasó la vista por los pupitres que tenía ante sí.– Parece que tenemos veintitrés dolores separados y distintos. Veintitrés en esta habitación. Casi tres mil millones en todo el mundo…..

Se puede decir "pellizco",que es una palabra pública que figura en el diccionario. Pero advertid esto. hay una sola palabra pública, "dolor", para tres mil millones de experiencias privadas, cada una de las cuales es probablemente tan distinta de todas las demás como mi nariz es diferente de las vuestras y las vuestras distintas unas de otras….

 

Breve y magnifica lección en la escuela!!

Por eso, a todos los padres, madres, profes, amigos, parejas, cualquier relación…tenedla en cuenta.

Disminuye tu juicio, ama mejor!!